
Toda la península Ibérica sufrió este lunes un apagón generalizado que devolvió durante varias horas la vida de 60 millones de personas a un mundo sin luz eléctrica, internet ni teléfonos móviles. Las causas de este acontecimiento sin precedentes aún no habían sido aclaradas al final de la jornada. El apagón dejó escenas inéditas desde lo más cercano, como viviendas, ascensores y semáforos, hasta infraestructuras críticas que quedaron a ciegas como redes de metro, hospitales, aeropuertos o la red de ferrocarriles, que canceló el servicio por completo durante toda la jornada. El apagón afectó también a las redes de telefonía e internet, lo que contribuyó a disparar la ansiedad de la población ante la imposibilidad de contactar con sus familiares y acceder a información en medio de un caos de tráfico y servicios que será recordado durante años, aunque, una vez más, los ciudadanos españoles dieron muestras de la madurez de esta sociedad en las crisis inéditas.