
El 5 de octubre de 1789, una turba de más de 7000 mujeres calzadas con alpargatas provenientes de los distritos más pobres de París, empuñando cuchillos y garrotes, arrastrando dos cañones tirados por cadenas, azuzadas por el hambre y la represión de los soldados monárquicos, llegan a las puertas del Palacio de Versalles tras seis horas de marcha a pie bajo la lluvia, al grito de “¡pan!”. Luis XVI, el último monarca absolutista de Francia, descorre las cortinas de los ventanales de su estancia real y observa, asombrado, el espectáculo.