Para mantener el poder mediante la dominación, las élites necesitan manipular. La manipulación, desde el discurso, es abuso de poder, que se reproduce en lo oral y en lo escrito. Es una acción intencionada, en que creencias falsas como, por ejemplo, la de que un grupo merece tener más privilegios que otros grupos, son inoculadas como una forma de control en la sociedad que ejercen las élites sobre las masas. Una práctica social, centrada en la discriminación, que normaliza la desigualdad es el racismo, sustentado en ideas, creencias, juicios y valores que naturalizan, o normalizan, el supremacismo.
Según Teun van Dijk, entendemos por grupos dominantes a las élites políticas, corporativas, mediáticas y educativas que controlan las decisiones de las minorías y, en particular, de los inmigrantes: entrada, trabajo, salud y vivienda. Esto lo hacen desde noticias, artículos hasta películas o series.
Basta recordar cómo la industria del cine hollywoodense estereotipaba a los latinos, en especial a los mexicanos, como delincuentes o sin aspiraciones, destinados a papeles menores que los minimizaban, y a los rusos, como mafiosos y espías. Ahora Netflix inocula modelos en que el latino es aún más criminalizado y cualquier sistema que sea una alternativa al capitalismo global es representado desde el caos y, frente a esto, promueve la sumisión ante la injusticia en general.
Un ejemplo de ideología supremacista es el de la ultraderecha, conducida por el sionismo, en que una élite con poder simbólico, es decir, con acceso al discurso público, a través de los medios o de la educación, naturaliza el insulto por el color de piel, manifestado a través de calificativos que deshumanizan, hasta el genocidio.
Desde la ultraderecha, la inmigración siempre es blanco de estereotipación, proceso en que un rasgo negativo se generaliza como una característica dominante que identifica a todo el grupo; vista como delincuente o grupo que le roba el trabajo al nativo, sin importar cuán valioso sea su aporte en lo científico, académico y cultural al país receptor, pero, al mismo tiempo, es manipulada para actuar en contra de sus intereses y a favor de las élites, que para mantener su posición privilegiada la utilizan en sus discursos populistas, mientras la someten a prácticas excluyentes.