Las montañas de Berruecos, al sur de Colombia, fueron testigos de dos crímenes cobardes. El 4 de junio de 1830, el asesinato del general Antonio José de Sucre y el 13 de noviembre de 1862, a poca distancia, Julio Arboleda. Este último, uno de los principales líderes del Partido Conservador durante la llamada Confederación Granadina (1858-1863) y enemigo de los liberales dirigidos por Tomás Cipriano de Mosquera.
El general Antonio José de Sucre era el militar más prestigioso de la antigua Colombia. Tenía ganados laureles en Pichincha, Ayacucho y recién en Tarqui. Era el partidario más fiel del Libertador y de la unidad del país. Presidió el Congreso Admirable de 1830 y fue comisionado por aquel para negociar con Páez. Tenía prestigio, juventud, talento persuasivo y el apoyo de Bolívar para sucederlo políticamente, pero Sucre no tenía ambición manifiesta por el poder; solo quería cumplir con el Libertador, conciliar las facciones e irse a vivir con su familia a Quito. No obstante, para los enemigos del bolivarianismo era una amenaza. La elite bogotana clamaba su muerte, pues Bolívar era un cadáver ambulante próximo a desaparecer. El periódico El Demócrata de Bogotá escribía sin tapujos, el 1 de junio de 1830: “Puede ser que Obando haga con Sucre lo que no hicimos con Bolívar”. Sucre fracasó en evitar la separación de Venezuela y se retiraba a Ecuador. En el trayecto, resultó asesinado por hombres al servicio del general José María Obando, enemigo declarado de Bolívar. El crimen mató al único que podía, si se lo proponía, mantener unida a la Gran Colombia. El caso se engavetó y no fue hasta 1839 que los homicidas José Erazo y Apolinar Morillo declararon en contra de Obando.
Julio Arboleda Pombo era un escritor, poeta, político y militar de fama. Había ganado para su bando las ciudades de Santa Marta y Panamá, dirigido por poco tiempo la Confederación en junio de 1861 y derrotado al presidente de Ecuador Gabriel García Moreno en la batalla de Tulcán. Cuando se proponía regresar a Colombia para seguir su lucha contra los liberales, fue asesinado en una emboscada.
Los conservadores perdieron un líder de peso, mientras que los liberales tomarían el poder hasta 1880. Ambos asesinatos compartieron así el móvil político y la venganza como justificación.