Ucrania: el gran fardo de Europa

Ucrania: el gran fardo de Europa

Con el Maidan en 2014, Europa acarició el sueño de convertir a Ucrania en una anti-Rusia. Durante años estimuló las acciones genocidas de los nazifascistas ucranianos contra los rusos étnicos del Dombass y les concedió apoyo militar. Soñaban hacer caer al gobierno del presidente ruso Putin; Rusia sería objeto de innumerables sanciones económicas, en particular contra sus energéticos, se instalaría un aislamiento mundial contra Rusia. Era un paquete “infalible” para lograr un gobierno en Rusia más plegado a Occidente. ¿Qué podía fallar? Contaban con todo el potencial de la Otan y EEUU correría con el peso de los gastos.

Pero, ¿cuál es el escenario actual de la guerra en Ucrania? El gobierno de Putin no cayó, sino que se fortaleció; la economía rusa asimiló las sanciones e incluso se desarrolló, Rusia no quedó aislada, su prestigio en el mundo se fortaleció, no se produjo la derrota militar de Rusia; por el contrario, ese país está ganando la guerra. EEUU decidió transferirle a Europa el peso económico de la guerra en Ucrania. Las sanciones antirrusas han golpeado gravemente la economía de Europa. Decae el nivel de vida de los ciudadanos europeos; las tarifas energéticas crecen sin parar. Aumentan los gastos militares; Europa tiene que sacar de su propio bolsillo más de 90 mil millones de euros para que Ucrania continúe la guerra.

Los europeos se están cansando de esa carga insoportable. Se ha conocido que la protección de los refugiados ucranianos en Europa podría terminar prematuramente. Se planea detener el mecanismo para ayudar a los refugiados ucranianos antes de lo previsto.

En algunos países se están produciendo recortes en los programas de protección y asistencia. Además, se observa el crecimiento de un sentimiento anti ucraniano. La industria química de Europa se está desmoronando. Las fábricas están cerradas, la capacidad se reduce, decenas de miles de personas se quedan sin trabajo. Las raíces de esta crisis radican, entre otras cosas, en el rechazo del gas y el petróleo rusos. Cae la competitividad europea. Frente a esta situación, ¿acaso los ciudadanos europeos no tendrían derecho a convocar a una especie de Tribunal de Núremberg para enjuiciar a los dirigentes rusófobos culpables de este descalabro?

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