
Fue Leoncio Narvarte el primer intérprete en llevar el cuatro, como instrumento solista, a una sala de conciertos. Ocurriría en el Ateneo de Caracas el año 1933, año en el que muchos coinciden que se creó la cátedra de guitarra en la Escuela Superior de Música José Ángel Lamas, a cargo del maestro Raúl Borges de la que salieron excelsos maestros como Antonio Lauro, Manuel Enrique Pérez Díaz, Alirio Díaz y Rodrigo Riera, entre otros.
Alumno de Borges fue también Fredy Reyna, quién abandonó la guitarra para dedicarse al estudio e investigación en torno a nuestro instrumento nacional. Cambia la afinación del instrumento para reencontrarlo con ese ancestro que llegó en el siglo XVI a nuestras costas y desarrolla una técnica de ejecución a partir de sus conocimientos de la guitarra adquiridos con el maestro Borges. Nace de allí una escuela de la que salen importantes ejecutantes como Guillermo Flores, Alí Chirino Brett, Ángel Martínez, Sir Augusto Ramírez, Edgardo Chirinos, Rafael Casanova, Gustavo Colina, Leonardo Lozano y Luis Adolfo Baradat.
Poco antes de darse a conocer Fredy Reyna, estaba Jacinto Pérez, El Rey del Cuatro, distinguiéndose como cuatrista solista con esa práctica propia de la tradición de la región centro norte del país que consiste en utilizar el cuatro como instrumento sustituto del arpa en la variante del joropo tuyero.
En los años setenta y ochenta del siglo XX destacan Tomás Montilla y Hernán Gamboa. De ambos podemos decir que su estilo dedicaba especial atención a la mano derecha y la creación de las melodías por medio del rasgueo. El principal seguidor de Gamboa fue Cheo Hurtado, quien llegó a consolidar ese estilo y a crear una escuela que bajo el nombre de “La Siembra del Cuatro” formó a los más conocidos solistas del recién estrenado siglo XXI.
La entrada En el corazón (IV) se publicó primero en Últimas Noticias.