
La puñalada le vino al Gobierno de uno de sus socios, ERC. Para algunos pudo haber connivencia, las elecciones catalanas desviarán el descorazonador debate sobre el caso Koldo y, según las encuestas, podían colocar al PSOE de nuevo en modo ganador, obteniendo así cuanto antes un resultado positivo de la amnistía. Lo dudo, lo único que parecen haber sacado a la luz es la precariedad de la legislatura y un partidismo sectario totalmente fuera de control. Ya no hay quien lo oculte, cada partido va a su bola, no ven más allá de su puro interés inmediato y su ansia de poder. Entre los nacionalistas/independentistas podría verse hasta cierto punto como algo natural. En definitiva, el bienestar de España les importa una higa, cuanto más debilitado se encuentre el Estado, más posibilidades se les abren para sus propios fines. Y su hambre de poder se circunscribe a su propio territorio. Menos justificada parece la actitud de los dos grandes partidos nacionales; uno, por su empecinamiento en gobernar con quienes van a tratar de exprimirle hasta que su identidad política acabe siendo irreconocible, al menos en lo que hace a su concepción del país; otro, que apenas puede en sí de gozo ante la debilidad de una coalición que se ha visto incapaz de impedir que se le dinamite la legislatura y que aguarda ansioso su turno para acceder al Gobierno.