Los temores blancos

EL PAÍS

Suena el latido del reloj en la noche en el dormitorio. Me desperté antes de tiempo, estoy nervioso, y las últimas imágenes de un sueño difícil desembocan en el aviso de que me toca escribir la columna del periódico. El miedo a la página en blanco se convierte en una almohada vacía en la que apoyan su cabeza los estudios psicoanalíticos y los recuerdos literarios. Gracias a una hermosa traducción de Alfonso Reyes, aprendí en la Brisa marina de Mallarmé que conviene superar el miedo a la mar abierta de la página y escuchar el canto de los marineros en cualquier naufragio posible.

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