Obsolescencia programada – Últimas Noticias

Obsolescencia programada - Últimas Noticias

Todo parece un espectáculo que nos venden en la mediática mundial en tiempo real. Si continuamos la lógica serial del sistema mundo antes del digital, todo ocurrió como por encanto de magia y de repente. Claro, se quiere justificar que los descontentos están hasta aquí metidos hasta los tequeteques. En el alma. Algunos de nuestros “críticos de a pie”, dirían en el almanaque. Y por varios motivos, el primero de ellos, acumulativo, el tiempo en que pasan los acontecimientos, o los años de acumulación de descontento, que ahora, como una montaña mágica, tiene cavidades subterráneas jamás vistas. Y la otra sería aquella que necesita justificar lo que hicieron los poderosos y lo ejercen sin duda alguna. A esto lo llaman, en el colmo de la sofisticación, obsolescencia programada. Sí. Intento de magnicidio en la casa del monstruo de los pantanos anaranjados, en medio del espejismo gringo de superhombres y supermujeres, tan bien entrenados y armados, que las mujeres iraníes y sus fusiles AK-47 quedan como figuritas sin relieve en la defensa de la patria. Y es que su mundo Marvel, del pop art, no les permite otra cosa que borrar, porque si no, son inexistentes los superhéroes. Una vez más, esa pareja tan sospechosa de los Marvel, de Batman y Robin, el Marco de rubio, queda por fuera, y es que su encuadre guerrerista atómico ha quedado desmerecido, ante Cuba y Venezuela, en una zona de paz, a fuerza de misiles obsolescentes, y recientes, para no dejar nunca el merequetén en el estrecho de Ormuz. Han quedado boquiabiertos y por ello les tiran un atentado en la cena, sin que ocurra más nada que todos rodando entre rosbeefs y puré de papas debajo de las largas mesas enmanteladas. Ni en La ópera de tres centavos, de Brecht/Weill, que montó Herman Lejter en el teatro universitario en los años 70, les quedó tan bien el caos en plena vendimia de todo cuanto hay en una cena pantagruélica: cucharas, cucharitas, cuchillos, otros adminículos y hasta rifles automáticos, entre manteles, pantalones rasgados y faldas rodadas hasta la cintura que dejaban ver cualquier cosa prohibida en ese atardecer. Lo más interesante es que Karoline lo había anunciado: No se lo pierdan; habrá fuego y disparos. Y así fue. Crónica de un atentado… Performance a millón.

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