Las guerras de hoy también ocurren sin ejércitos en batalla ni barricadas tradicionales, pero infunden el temor a ser invadido con una maquinaria destructora que de golpe aparece por arriba y convierte el espectro electromagnético bajo impacto de fuerzas invisibles que definen una superioridad para determinar el propósito hegemónico frente a todo y contra todo, incluyendo el derecho internacional.
Se trata de la guerra electrónica, de su evolución y de lo que hoy representa frente a la soberanía de todos y cada uno de los países del mundo. Es la guerra que impide la capacidad de combate del contrario mediante el ataque electrónico que destruye, engaña, confunde o desactiva sistemas y componentes electrónicos.
Hace unos años, desde el Observatorio del Sistema Penal y los Derechos Humanos de la Universidad de Barcelona, se hacía referencia a una nueva forma de la guerra, de ciertos países sobre otros “en reprimenda por determinaciones adoptadas por los gobiernos de los países invadidos”, o porque estos países han estado regidos por gobiernos que no responden a las características de las democracias occidentales, o porque los subsuelos de sus territorios continentales y marítimos poseen yacimientos de hidrocarburos y minerales, los cuales, a medida que se agotan en los grandes industrializados, se convierten en riquezas ambicionadas por los invasores.
Se dice que la guerra electrónica se sustenta en el dominio total del espectro electromagnético hasta alcanzar las bandas más altas de los sistemas de radar y de comunicaciones satelitales. Comprende, por supuesto, el ataque electrónico o uso de energía electromagnética contra instalaciones y sistemas para destruir la capacidad de combate del contrario; a todo esto se agrega que el futuro de la guerra electrónica advierte un potencial al conjugarse con la inteligencia artificial y hacer compatibles sus avances con las tecnologías cuánticas (como decodificar señales cifradas o complejas) y fotónicas (como hacerle frente a radares de baja probabilidad de interceptación), entre otras actividades ofensivas, que darán nuevas formas a su evolución.
Estados Unidos, con guerra electrónica, atacó a Venezuela y dejó un trágico resultado el pasado 3 de enero, de muerte y destrucción sin ejércitos en batalla ni barricadas tradicionales, lo que obliga a reflexionar y retomar la defensa sin límites de nuestra soberanía.