Como si no tuviera suficiente con la actual guerra que conjuntamente con Israel le declaró a Irán, el bloqueo al estrecho de Ormuz, así como con su confrontación con la Otan, sus amenazas de intervenir en Cuba o sus propios problemas internos, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, abrió el domingo pasado un nuevo frente de batalla, esta vez directamente con El Vaticano, al proferir toda una hilera de insultos en contra del papa León XIV, quien, valga subrayarlo, es el primer estadounidense en ocupar el máximo cargo de la Iglesia Católica.
El origen estuvo en unas declaraciones del pontífice calificando como “verdaderamente inaceptable” las amenazas de destruir toda “una civilización entera”, en referencia a la de Irán, con una historia milenaria, en caso de que no cumplieran con sus exigencias, para las cuales ha lanzado no pocos ultimátums que no ha llegado a cumplir. El Obispo de Roma ha dicho además que esta a favor de las soluciones mediante el diálogo y ha respaldado firmemente el multilateralismo.
Trump enfureció, como es habitual en él cuando alguien osa contradecirlo. Ese 12 de abril, en su red propia, Truth Social, escribió primero que su compatriota “es débil en materia de delincuencia y pésimo en política exterior”, agregando más adelante que no quiere “un papa que piense que está bien que Irán tenga armas nucleares”.
Su descarga continuó: “Debería estar agradecido porque, como todos saben, fue una sorpresa mayúscula. No estaba en ninguna lista de papables y la Iglesia lo eligió solo porque era estadounidense y pensaron que esa sería la mejor manera de lidiar con el presidente Donald J Trump. Si yo no estuviera en la Casa Blanca, León no estaría en el Vaticano”, para luego añadir que “debería enmendar su papel como papa”.
Reacciones
Las respuestas, por supuesto, no se hicieron esperar. El propio León XIV declaró al día siguiente a los periodistas que lo acompañaban en el avión rumbo a Argelia, primera parada de su gira por cuatro países de África, que “no le tengo miedo a la Administración de Trump”. Seguiré hablando en voz alta del mensaje por el que trabaja la Iglesia. No somos políticos, no miramos la política exterior con la misma perspectiva».
La primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, una usual aliada del mandatario, calificó los ataques de Trump como “inaceptables” y entre otros, el presidente del Gobierno de España recalcó que “León XIV siembra la paz con valentía y coraje”, por lo cual “será un honor recibirle en España”.
“Los presidentes estadounidenses y los católicos estadounidenses han discrepado con los papas en el pasado. Pero esto es una falta de respeto. La falta de respeto es muy diferente a la discrepancia, y ahí radica el peligro para Trump”, declaró David Gibson, director de la institución católica Centro de Religión y Cultura de la Universidad de Fordham, ubicada en Nueva York.
Andrew Chesnut, de la cátedra de Estudios Católicos de la Universidad de Commonwealth, de Virginia, le expuso a su vez al portal Axios que veía un “desgaste” entre los católicos blancos, no solo entre los latinos, porque muchos consideran que el ataque del presidente va directo contra su religión.
“No se me ocurre ningún caso similar, al menos en países occidentales de mayoría cristiana, de ataques tan directos y públicos contra el papa”, expresó Chesnut.
En ese país hay más de 53 millones de católicos, de los cuales más de la mitad votaron por Trump para su segundo mandato. Ese respaldo, según expertos, podría resquebrajarse de cara a las próximas elecciones de medio término en noviembre, debido a esos ataques. Según encuestas, el papa está 50 puntos por encima de Trump en popularidad. “El presidente Trump está cometiendo un error enorme al ir en contra del tipo más popular de Estados Unidos.”, dijo por su parte el analista de CNN Harry Enten.
Francisco también nestuvo entre sus blancos


El papa León XIV no ha sido el único pontífice convertido en blanco de los insultos de Donald Trump.
Su predecesor, el papa Francisco, también estuvo en el paredón frente a sus ataques verbales, cuando en 2016, a su regreso de un viaje por la frontera entre México y Estados Unidos, afirmó que “una persona que solo piensa en construir muros, dondequiera que estén, y no en construir puentes, no es cristiana. Esto no es el evangelio”.
Esto fue a raíz de la promesa de Trump, quien se encontraba en la campaña electoral para el que finalmente terminaría siendo su primer mandato, de construir un muro fronterizo entre ambos países.
“Solo digo que este hombre no es cristiano si ha dicho cosas así. Debemos comprobar si realmente lo dijo de esa manera y le daré el beneficio de la duda”, añadió el papa.
Trump, como es su costumbre, estalló y en un mitin en California del Sur, espetó:
“Que un líder religioso cuestione la fe de una persona es vergonzoso. Estoy orgulloso de ser cristiano”.
También lo acusó de ser un “peón” del gobierno mexicano. Luego, en una entrevista con Fox News, dijo que Francisco era “una persona muy política”, que no entendía “el peligro que supone la frontera abierta con México”.
Rechazo totalna su imagen como Cristo creada con IA


Tras insultar a León XIV el domingo, el presidente estadounidense, Donald Trump, publicó una imagen suya creada con inteligencia artificial, en la cual se le veía como una personificación de Cristo, supuestamente sanando a un enfermo.
El lunes la imagen fue borrada y el mandatario dijo a los periodistas que “creía que era yo como médico”, para luego asegurar que “hago que la gente sane”.
Sin embargo, no pudo evitar las reacciones de total rechazo, incluso entre sus partidarios, como John Yep, presidente de Catholics for Catholics, quien la calificó como “tan peligrosa como escandalosa para todos los cristianos”.
La reverenda Shannon Fleck, quien es directora ejecutiva de Faithful América, manifestó en declaraciones al medio británico The Independent que este tipo de publicaciones “no son nuevas ni sorprendentes” y que “estas últimas manifestaciones son una continuación de ese patrón. Esta abominable imagen de nuestro Salvador refleja la esencia del nacionalismo cristiano, que tergiversa las imágenes sagradas para servir a la dominación en lugar de la liberación. Jesús proclamó una visión radicalmente diferente: un contraimperio arraigado en la justicia, la compasión y el amor, que se oponía de manera directa a los poderes de su tiempo”.