Rectificar como dilema – Últimas Noticias

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Erróneamente, se atribuye a un político venezolano ya fallecido la frase: “Solo los tontos no cambian de opinión” y eso es un error histórico. La expresión es un popular dicho francés (“Seuls les imbéciles ne changent pas d’avis”) que sirve para señalar a aquellas personas que se niegan a rectificar porque temen ser vistos como traidores de sus principios o, peor aún, de sus propios actos. Es lamentable que, en nuestra cultura política, rectificar no sea visto como algo positivo, sino como todo lo contrario: algo condenable y deshonroso.

Es cierto que los diccionarios presentan como primera acepción del término “rectificar” corregir un error y a nadie le agrada reconocer una falta. Pero también hay otras definiciones para describir el mismo concepto. Por ejemplo, rectificar es también reparar algo que se ha estropeado, modificar una postura ante un nuevo contexto y, por último, ajustar la pieza de un mecanismo para que recupere su exactitud.

El tiempo como devenir inexorable, el uso intenso de cualquier aparato social o material, el deterioro progresivo de herramientas y, sin duda, la irrupción de nuevos escenarios, provoca que cualquier cosa que demos por sentada sea susceptible de ser enmendada, reparada, modificada y ajustada. Eso no es condenable. Lo verdaderamente despreciable es no rectificar.

Por supuesto, hay errores que no pueden resarcirse con una simple mea culpa. Sin embargo, son evidentes, públicos y notorios los esfuerzos de muchas figuras de la política venezolana reconociendo gravísimas faltas que cometieron en el pasado reciente.

De lado y lado, sin distinción, hay rectificaciones que merecen ser tomadas en cuenta, porque si no tienen una agenda oculta o un propósito inconfesable, hablan muy bien de la recuperación progresiva de la convivencia democrática, tan necesaria y urgente en los confusos tiempos que corren.

No condenemos a priori y por intereses mezquinos a quienes desean con sinceridad enmendar un esquema que se ha deteriorado, modificar una postura que se creía inamovible, pero que el nuevo contexto obliga a repensar y, sobre todo, no juzguemos el ajuste necesario que se registra de nuestros mecanismos de gestión gubernamental para que nuestro sistema pueda funcionar, a pesar de las presiones e imposiciones foráneas. En pocas palabras, no hagamos de la rectificación un dilema.

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