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Cantar a los 93 años

La antropóloga española Candela Antón nos cuenta en un reel muy difundido por redes infoelectrónicas que en 1886, el geógrafo alemán Franz Boas viajó al norte de Canadá para estudiar cómo el entorno del Ártico influía en la cultura de los inuits. Boas se encontró con que no era el hielo el que moldeaba las costumbres, ni tampoco la nieve dictaba sus danzas y no era desde luego el clima el que escribía sus leyendas. Lo que este geógrafo encontró allí fueron personas, historias, cosmovisiones complejas. Fue entonces cuando comprendió que la cultura no es un reflejo mecánico del medio, sino una forma de vida, una red de símbolos, afectos, normas, invenciones, y eso no lo aprendió desde su tienda de campaña; lo aprendió viviendo con ellos, preguntando, escuchando, anotando, congelándose hasta los huesos mientras cazaban focas, riendo en las celebraciones y registrando mitos orales con una precisión casi obsesiva. Esta convivencia con el pueblo inuit convirtió a Boas en un antropólogo, de hecho el primero de los antropólogos modernos que aprendió esta ciencia no con técnica, sino con ética.

Esto que hizo Franz Boas lo viene haciendo desde el 17 de abril de 2004 el periodista Iván Padilla Bravo con el semanario cultural “Todos Adentro” (hoy denominado “Todas adentro”) cuando, a raíz de la intentona de golpe de Estado del 11 de abril de 2002, el presidente Hugo Chávez y Farruco Sesto tomaron conciencia de la necesidad de crear medios de comunicación que actuaran como contrapeso ante el relato de los grandes consorcios. ¿Quién podía asumir tal tarea? Iván Nolasco Padilla Bravo. ¿Por qué? Porque es un militante revolucionario con sensibilidad social, además de ser licenciado en Comunicación Social por la Universidad Central de Venezuela y licenciado en Filosofía por la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. ¿Cómo lo hace? Moldeando el semanario en cuatro pilares: unidad en la diversidad, inclusión radical, tribuna del pueblo y un periodismo poético y de paz.

En la portada de su primer número aparece el rostro de una hermana wayúu. En este semanario nació Pedagogía del alba, de este humilde servidor. Felicitamos a Iván por su constancia, por el respeto a la otredad y por el profesionalismo con que asume la edición de tan importante tribuna donde nadie queda por fuera. Si a mí me preguntaran por qué este semanario cultural (que ha llegado incluso a ser instanteario) es tan leído… Mi respuesta sería la siguiente: Iván Padilla Bravo comparte la definición de cultura de Simón Rodríguez: es “el hábito de todos los pliegues y colores en el que mujeres y hombres, hermanados, enseñan de palabra y de obra y cantan el catecismo social con los pueblos”.

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